Muchos han sido los cambios que se han producido en Europa del este desde la caída del Muro de Berlín. Uno de los menos populares es el de la remota Ucrania. Un país situado en el extremo europeo, que colinda al norte con Bielorrusia, al oeste con Polonia, Eslovaquia, Hungría, Moldavía y Rumania, al sur con las aguas del Mar Negro y al este con su más incomodo vecino, para algunos padre natural Rusia.
Fue a finales del año de 1991 que tras el fallido intento de golpe de Estado contra Gorbachov, que los presidentes de Bielorrusia, Ucrania y Rusia (la última de ellas encabezada por Boris Yeltsin, eterno enemigo de Gorbachov) se reunieron para poner fin a la entonces segunda potencia del orbe. La Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (U.R.S.S.) o Unión Soviética que se había creado a inicios de los años veinte, producto de la revolución de Vladimir Lenin y que encabezo al mundo comunista por casi todo el siglo XX desapareció para dar vida a una supuesta mancomunidad llamada Comunidad de Estados Independientes (CEI).
El fin de la Unión Soviética significó para muchos expertos el fin de la Guerra Fría y la esperanza de un periodo de estabilidad para Europa. Sin embargo, más allá de la desaparición del comunismo, la caída de las barreras entre Oriente y Occidente, la creación de la Unión Europea, la implementación de una moneda del euro. La zona del este europeo no ha vivido las dos décadas más tranquilas de su historia.
Ucrania, era sin lugar a dudas, la segunda potencia dentro de las repúblicas soviéticas. Incluso podría catalogarse como la mejor al no tener que lidiar con un territorio tan extenso e infructífero como con el que cuenta Rusia. Gracias a su clima más de tipo mediterráneo y no gélido es que el actual territorio ucraniano sea considerado como un epicentro industrial por excelencia.
Con una población mayoritariamente eslava, Ucrania formó parte de diversos imperios y naciones, Polonia, Lituania, Austria-Hungría, Turquía y Rusia fueron los principales ocupadores del actual espacio ucraniano. Ciudades como Kiev, Odessa, Sebastopol, Donetsk son puntos industriales por excelencia en distintos ramos.
Durante la Segunda Guerra Mundial, Hitler intentó movilizar a los independentistas ucranianos para poder crear problemas dentro de la resistencia soviética. Sin embargo, al ser la población mayoritariamente eslava, los planes de Hitler no tuvieron mayor eco. La población ucraniana sufrió enormes tragedias por la ocupación alemana en ese periodo. La resistencia civil ucraniana sumada al avance del Ejército Rojo crearon un sentimiento de pertenencia que hizo olvidar el fervor independentista de Rusia de la población.
Terminada la guerra y la dictadura de Stalin, Ucrania se convirtió por completo en el centro industrial de la Unión Soviética, además era un punto de contacto indispensable para unir los gasoductos que unían Europa Occidental con los suministros rusos, literalmente la “joya de la corona”. La tragedia de Chernóbil afectó a gran parte de la población civil y diezmó a ciertas industrias. Lo anterior, sumado a la escasez de alimentos y a los constantes cambios en otras naciones europeas revivieron el sentimiento nacionalista ucraniano.
Con la terminación de la U.R.S.S. Ucrania pudo obtener su independencia, después de siglos de dependencia de Moscú y de otras naciones. El gobierno fue presidido por Leonid Kravchuk, anteriormente líder del Parlamento. Su periodo al frente del país se caracterizó por varios cambios entre ellos el establecimiento de una nueva Constitución en 1996, la cual establecía un sistema semipresidencialista.
El sucesor de Kravchuk fue Leonid Kuchma, quien fue conocido por intentar concentrar gran parte del poder en su oficina, lo que generó bastantes críticas no sólo en el interior del país, también dentro de la opinión pública mundial. Su primer ministro, Viktor Yanukovich se postuló para la presidencia en 2004, recibiendo apoyo de los vecinos rusos.
El opositor en las elecciones era Viktor Yúshchenko para ganar en la segunda vuelta de las elecciones, estableció una alianza con Yuliya Tymoshenko. Sin embargo, en una cena con altos mandos de los servicios secretos fue envenenado con dioxina y obligado a someterse a un tratamiento en Austria para curarse. Un estudio detectó una cantidad importante de un agente naranja en su cuerpo, el segundo más alto que se registraba en una persona viva.
El envenenamiento se relacionó con las intensiones del gobierno ruso de que Yúshchenko no llegará al poder. En las elecciones resultó ganador el ex premier Yanukovich, lo que originó una serie de protestas en todo el país, lo que paralizó las industrias, la manifestación más espectacular se presentó en la Plaza de la Independencia (Maidan Nezalezhnosti) donde los protestantes portaban bufandas y demás vestimentas naranjas.
Tras esos sucesos, el Tribunal Supremo resuelve que hubo bastantes irregularidades en la elección que deben volverse a celebrarse. En dichos comicios, Yúshchenko resulta victorioso y establece un nuevo gobierno con Tymoshenko como primera ministro. Los resultados del gobierno son pobres y llevan a que la economía se paralice, eso aunado a los conflictos de gas con Rusia, llevan a que se celebren nuevas elecciones parlamentarias en 2006 y en 2007. La política pro occidental de Yúshchenko no encuentra receptores en la Unión Europea, la cual se encuentra más interesada en otros asuntos que en adherir nuevos miembros. El intento de unión con la OTAN, resultó en un referéndum que nunca se ha celebrado.
Finalmente, en 2010 se realizan nuevas elecciones en las que el vencedor fue el ex premier Yanukovich. Los hechos narrados anteriormente, sumados a la situación actual de la política en Rusia, donde un ex miembro de la KGB controla el país, nos hacen pensar que muchas veces la democracia es empleada para volver a los sistemas rígidos del pasado. La “revolución naranja” pasará a la historia de muchos ucranianos como un periodo de inestabilidad. Sin embargo, no debemos dejar de lado que muchas veces los hilos de la política son movidos desde puntos muy diversos, en este caso podemos decir que el Kremlin no iba a dejar ir a la “joya de la corona” y por el otro vemos que la Unión Europea aún respeta demasiado la zona de influencia soviética.
Imágenes obtenidas de: www.wikipedia.org


















